28 mar 2020

“Un abrazo para Mateo”

[Relatos] Hoy fui al supermercado, que en tiempos de Cuarentena es como salir de la cueva a cazar un animal para poder comer. Una odisea. Lógicamente, el ambiente enrarecido, apagado, pero al llegar al acceso de entrada estaba el mismo empleado de seguridad de siempre, un hombre de unos 40 años, pelirrojo, con barba y una simpatía natural, la misma que tenía hoy.

Se trata del mismo que cuando le enseñas una bolsa en la entrada te dice con entusiasmo: “Todo correcto, caballero. Muchas gracias”. Ni siquiera la cruda situación, más para él, que está súper expuesto, le ha hecho perder gracejo a su tono.

Caras largas, extrañas sensaciones nos recorren a todos, manteniendo instintivamente una distancia prudencial. Si vas a coger naranjas, y justo hay otra persona, te retiras unos metros y esperas que el de adelante haya terminado. Ese acuerdo tácito surge naturalmente. No sólo actuamos por imitación, sino también por respeto a algo nuevo y desconocido para lo cual nos vamos adaptando cada día.

Otra medida preventiva es en el momento de pagar, manteniendo distancia entre carros y con cajas abiertas alternadamente para que incluso haya separación entre las cajeras. Y cuando estaba pagando escucho desde lejos: “Un abrazo para Mateo”. Me giro, y era una cajera quien, con su mascarilla, de vista me había reconocido porque solía estar en el ‘Riki’, esa ludoteca dentro del ‘Al Campo’ donde a Mateo le encanta jugar mientras hago la compra.

Le agradecí con un movimiento de cabeza, y sonriendo, que estamos todos muy serios. En momentos crudos, con angustia creciente por la triste situación que atraviesan muchos ancianos, sin poder ser abrazados, sin un ser querido que les sostenga la mano, también hay lugar para el ejemplo de muchos trabajadores, empleos modestos, sacrificados y, desde ahora, altamente expuestos ante la pandemia, y que pese a todo mantienen su condición humana, se acuerdan de enviar abrazos a niños que están ‘encerrados’, que ven a lo sumo una vez por mes, pero que siguen teniendo presentes… 

La simpatía de muchos 'currantes', su afecto, sus gestos simples, intangibles, igual nos tocan bien adentro. Emociona. Gratitud y respeto hacia todos ellos, ahora, y siempre, que esto pasará, y no hay dudas que gracias a ellos pasará más rápido.

(17/03/2020)



3 comentarios:

Andrés Cuesta dijo...


Querdido Ezequiel,
Me topé con tu blog. Tenés buena pluma! Excelente crónica de una situación tan cotidiana y que hoy resulta a la vez tan singular, que nos provoca extrañamiento. Felicitaciones.
Soy Andrés Cuesta, de la Asunción de la Virgen (Olivos). No sé si te acordarás... Te mando un fuerte abrazo y espero que vos y los tuyos estén todos bien en la querida España.

Ezequiel Costa dijo...

¡Andrés! Claro que sí. Muchas gracias, por el comentario y por escribir. Todavía recuerdo aquel gorrito de San Lorenzo 'extraviado' en una peregrinación a Luján en 1991/92, y como tu papá nos trajo una madrugada de una fiesta desde New York City... Era furgoneta Ford que usaba para repartir galletitas, de esas latas gigantes de lata... y todos en la caja cerrada de la furgo, y una aroma a dulce... jaja ¡Abrazos!

Anónimo dijo...

Cuántas anécdotas de jueventud, no??? Si en algún momento paso por Madrid (estuve el año pasado un par de días y me quedaron muchos "pendientes"), paso a saludarte.