28 mar 2020

Miradas

[Relatos] Después de ocho días ‘dentro’, tocó volver a hacer la compra. Apenas había salido fugazmente el sábado a llevar basura a los contenedores. No tengo ni mascarillas ni guantes, objetos preciados hoy ‘imposibles’ de conseguir, así que para ir al súper me puse unas bolsas pequeñas en la manos, cambiadas dentro por los guantes descartables de la fruta… 

(lo que me cuesta abrir una bolsa vacía con esos guantes… lo incapaz que puede ser uno…).

En la última visita había vivido un par de situaciones que me habían emocionado, pero hoy la situación ha cambiado, para peor… es que miras el ambiente y lo comparas con hace un mes, como era siempre un centro comercial, casi que ‘festivo’ (y no nos dábamos cuenta), contrapuesto ahora con esa  sensación desconocida, fea, que te recorre el cuerpo y que no sabes cómo controlarla, porque ves caras de miedo, seriedad, cabezas agachadas. Nadie se ríe, casi nadie habla… Silencio, con la mitad del supermercado a oscuras…. Algunos pasillos bloqueados, algunas estanterías desabastecidas… Nadie mira a los ojos. La gente se esquiva de cuerpo y de miradas, como si también pudiéramos contagiarnos así… la distancia no es sólo física porque esquivarnos las miradas también es esquivarnos las almas, alejarnos aún más, como si todos fuésemos ‘Medusas’, como si el  mero hecho de mirarnos ya nos convirtiera en piedra…

Si bien el desánimo es contagioso, es momento también de fortalecernos ante esto, intentar romper ese círculo vicioso valorando también el ejemplo de dignidad de todos los sanitarios y trabajadores que cada día se ‘juegan la vida’ por el prójimo. Cambiar siempre es difícil, pero hay situaciones límite en la vida dónde el cambio interior es vital, donde el proceso de adaptación a una nueva realidad implica la resignificación de pequeños detalles que nos permitan crecer donde creíamos que ya no hacía falta hacerlo.

En tiempos donde el aislamiento físico se prolongará hasta no se sabe cuándo, donde es prudente hablar a dos metros y hacia el costado cuando te encuentras con alguien, revaloricemos el poder sanador de las miradas, los ‘abrazos de ojos’, que más que en piedras nos puede ayudar a convertirnos en mejores personas.

Llegué a casa, no sabiendo muy bien dónde dejar las bolsas de comida, si primero quitarme la ropa, si dejarla en la entrada, si lavarme bien las manos y luego ir sacando la comida… en qué orden… es un ritual nuevo y del que también aprendemos cada día, y entre esas dudas, entre ‘pensar’ los pasos correctos para minimizar riesgos, viene él, corriendo, como todos los niños, con esos ojitos llenos de vida, y te pide "subir a jugar", y entonces se te enciende el alma, y todo tiene sentido.


(25/03/2020)


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