11 mar 2020

Cristina

[Relatos personales] En estos días de incertidumbre, con el riesgo creciente de una pandemia, sin clases en los colegios, también hay lugar para la certeza, como comprobar la bondad en los niños... En otro aniversario luctuoso del 11-M, recordé como hace un par de semanas pasamos por un monumento en memoria de las víctimas...


“Cristina”

-¿Quiénes son?
-Son personas.
-¿Y dónde están?
-… En el cielo… (digo, dudando qué decirle…).
-¿Con el abuelito Luis?
-… Sí…

Mateo se pone a recitar todos y cada uno de los nombres escritos sobre la pared. Está aprendiendo a leer, y con su habitual alegría, deletrea los que no le son tan habituales, como “Cipriano” u “Oleksandr”, y pronuncia de carrerilla aquellos como “David” o “María”. El ejercicio sería maravilloso, porque está feliz, y no parece importarle que son casi 200 nombres... pero son esas situaciones que a uno le pillan desprevenido, y que se me escapan de las manos, porque estamos en el parque de La Alhóndiga, de Getafe, en un monumento a las víctimas del 11-M, donde pasamos habitualmente con la bicicleta, en patinete, donde buscamos árboles para trepar…, y por un lado me encanta verle feliz, que solito se ponga a leer, a compartirlo en voz alta, con lo que ese proceso significa para él y sus características de TEA, aunque, por otro lado, no puedo evitar tener un un nudo en la garganta, pensando en todas esas vidas, en sus familias, en sus sueños...

De repente, Mate se frena y señala un nombre. “No quiero que Cristina esté en el cielo; quiero que esté en el cole todos los días”. Le expliqué, mientras lo abrazaba, que era ‘otra Cristina’, y que el lunes ella iba a estar en el cole. Él sonrió, y mientras le brillaban los ojitos, y siguió: “Daniel”, María Jesús”, “Marisol”…

(Getafe, 22/02/2020)


  • Dedicado a Cristina, su profe de Primaria, y a MariJose, y a Susana, y a todas aquellas maestras, ‘Maestras’, que han ayudado y ayudan cada día a Mateo con cariño, paciencia y amor.

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