16 oct. 2015

Nate Huffman, 1975-2015, DEP

El ex pívot fallece dos semanas después de que él mismo revelara que padecía un cáncer terminal. Tenía 40 años, y dejó una impronta imborrable en su paso por Fuenlabrada en la temporada 1998/99, además de su exitoso paso posterior por Maccabi Tel Aviv. 



De pequeño uno creía que los deportistas profesionales eran como superhéroes, una especie de titanes con poderes mágicos a los que nunca podía pasarles nada malo. Uno se hace mayor y comienza a peinar canas, pero en cuestiones deportivas podemos seguir manteniendo ciertas ilusiones de la niñez, como conferirle a los deportistas de élite la singular capacidad de asombrar a las personas de a pie, de hacer cosas dentro de una cancha reservadas sólo para los elegidos, para los ‘ídolos’. Pero la vida, una y otra vez, nos demuestra que los jugadores, atletas y demás, por más talento que tengan, son de carne y hueso, y en su humanidad también se enfrentan a los avatares diarios de la vida, con sus alegrías y tristezas, con las enfermedades y la muerte como parte de ella.

Nate Huffman, del Fuenlabrada, la vuelca ante Bobby Martin, del Real Madrid, en un partido por la temporada 1998/99 (Foto: Baloncesto Fuenlabrada)

Nunca vi jugar en directo a Nate Huffman. Lo que sé es por lo que me contaron los que disfrutaron de su juego, de sus mates, de sus partidos inolvidables, los de un personaje espigado, flaco y desgarbado de 2.15 que se transformaba en un pívot avasallador cuando pisaba la pintura, sacando ventajas gracias a sus largos brazos y gran movilidad. Cuando llegué a España y comencé a seguir al Fuenlabrada, repasando partidos históricos, uno de los primeros que saltaba a la vista era la victoria de visitante ante el Baskonia en enero de 1999, donde el pívot de Michigan metía 29 puntos para 48 de valoración, cifra que sigue siendo el récord individual del Fuenlabrada en sus hasta ahora 17 temporadas en la Liga ACB, y que sigue marcando el único triunfo del equipo madrileño en también 17 visitas a Vitoria. Luego, internet mediante, pude leer un artículo muy recomendables como el de Kaos Baggins, publicado en el blog de los Fuenlabrada Blues en 2008, además de vídeos como el buen reportaje de TVE (rescatado por Sergio García Ronrás) en su única temporada en Fuenlabrada, 1998/99, y otros tras su consagratorio trienio en Maccabi Tel Aviv, donde tocó el cielo como campeón europeo.

Nate Huffman en su paso por Fuenlabrada, en 1998. Luego cumpliría el sueño de su tatuaje, jugar en a NBA (Foto: José A. García)

Hace dos semanas, el propio Huffman revelaba su enfermedad en una televisión israelí: "El cáncer está en la fase 4 y se ha extendido en todo mi cuerpo, en los riñones, el hígado y los pulmones. Quizá también en los huesos de la espalda. Es irreversible”. Comenzaron a publicarse entonces numerosos artículos, todos evocando la figura del ‘center’ estadounidense, como el de Adolfo Romero en Solobasket, donde además de recordar su trayectoria, incidía en el aspecto personal de un padre de familia que ayer, a los 40 años, fallecía.

Los comentarios de los aficionados que lo vieron jugar hablan por sí solos, y es que luego de quince años aún tienen marcada a fuego la única temporada de ‘Natalio’ en el Fernando Martín. Y más allá de todo, el mejor recuerdo a la figura de Huffman son las muestras de cariño de estos días, tanto del club, que organizó un homenaje el sábado ante el Manresa, como de los simpatizantes del Fuenla, y de todo el baloncesto, porque en los foros y redes sociales gentes de todas partes enviaban sus mensajes de ánimo para el ex jugador.

Los superhéroes no existen, sí existen las grandes personas que actúan como superhéroes. Y Nate Huffman, en lo humano y en lo profesional, dejó huella allá por donde pasó, y por eso seguirá siendo recordado con mucho cariño por toda la familia del baloncesto. Descanse en paz.



Vídeo sobre Nate Huffman elaborada por Sergio García Ronrás


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