16 sept. 2015

Elegancia y gratitud

[Opinión] Las marchas del Fuenlabrada de Javi Vega y, hace dos años, de Álvaro Muñoz estuvieron envueltas en sinceras palabras de agradecimiento para con el club. Sin embargo, las declaraciones recientes de Ferran López y José Quintana, director deportivo y presidente de la entidad, revelan la falta de sintonía entre la directiva y algunos canteranos.  


Las despedidas son parte intrínseca de la historia del deporte, y pese a ellas y a la permanente rotación de jugadores, los equipos igual siguen funcionando. En el caso del Baloncesto Fuenlabrada, hubo gente que alcanzó el Olimpo en la consideración popular. Nombres como Perasovic, Guardia, Solana, Ferran López, Herrmann o Ayón, por citar algunos, dejaron su huella, pero el tiempo es inexorable para todos, y ya sea por fin de contrato, traspaso o retiro, a cada uno le llegó el momento de decir adiós. Lo mismo ocurre con los demás, con los que no son ‘elegidos’ ni están tocados por una varita. Es parte de un ciclo, unos llegan y otros se van, y la rueda continúa girando.

El ‘Fuenla’ es un club de cantera, y como en cualquier entidad que presuma de su semillero, sus formadores suelen contar que una de las partes más duras de su trabajo es cuando tienen que comunicarle a un canterano que llegó el punto final, que tiene que marcharse del club, que debe dejar su sitio para otro ‘chaval’ que venga empujando desde abajo. El agrio momento de esa comunicación parte de la base que, frecuentemente, después de días, meses o años de trabajo conjunto, la relación profesional entre entrenadores y canteranos muta en personal, estableciéndose amistades que van más allá del baloncesto.

Pero un club está por encima de todo y no puede haber lugar para los sentimentalismos. Por eso muchas veces los aficionados despotrican contra los directivos cuando dejan marchar a un canterano, porque ellos, los hinchas, sienten que se va uno de ellos, al que vieron crecer, al que supieron querer, y en el que depositaron esperanzas con verle triunfar con la camiseta de su propio equipo. Además, en un club donde todos saben que el número de derrotas normalmente superará al de victorias, lo mejor es contar con gente de la casa para digerir mejor esas caídas. Las penas no son tan amargas si se comparten entre amigos.

Sin embargo, está en el rol del dirigente aislarse de todo eso, mirar más allá del corto plazo, proyectar el futuro y focalizarse únicamente en lo que es más adecuado para el equipo, y si esto conlleva la salida de un jugador con ascendencia en la grada, la decisión será más dolorosa pero necesaria. Ante todo es eso: decisiones profesionales por encima de las personales. Y los canteranos, triunfen o no, al menos se llevarán consigo una formación deportiva y en valores que, se espera, les servirán para toda la vida.

Pero hay formas y formas de decir adiós. Días atrás, en este blog, Javi Vega se despedía entre agradecimientos y buenas palabras para todos. ¿Causas de su marcha? “No hay acuerdo y ya está”. Mejor no escarbar, no alimentar el morbo y mirar para adelante, situación similar con lo expuesto por muchos otros jugadores cuando dejan el club, que optan por no revelar cuestiones del ámbito privado, priorizando la imagen del club en detrimento de intereses particulares. Y no se trata de ser políticamente correctos, sino de madurez. Cuestión de códigos.

Por otro lado, hace unos diez días, José Quintana, presidente del Baloncesto Fuenlabrada, fue consultado en la rueda de prensa de presentación de Zan Tabak por la marcha de Javi Vega. El mandamás de la entidad, fiel a su estilo frontal -lo cual es de agradecer en términos periodísticos-, explicó que el acuerdo de renovación estaba hecho, tal cual había anticipado Ferran López, pero que a último momento una comisión de 5.000 euros para el agente del jugador derivó en que no prosperara el acuerdo, siendo el ala-pívot de La Avanzada, según Quintana, quien solicitara la rescisión contractual. Es decir, la bajada de línea dirigencial era directa: Javi Vega, por 5.000 euros, eligió irse del Fuenlabrada, del “club de su vida”, para recalar en el nuevo proyecto en LEB del Miraflores de Burgos.

También podría invertirse la carga de la prueba: que el club, por esa plata, dejó escapar a su capitán y canterano por antonomasia. Más allá de los números, si partimos de la base de un presupuesto total de 2.600.000 euros, una comisión de 5.000 no debería provocar serias desviaciones del mismo. Cuesta creer que entre el patrocinio de Montakit –cifra que desconozco y que no se ha hecho pública- o lo ingresado por el traspaso de Moussa Diagne al Barcelona –cifra que también desconozco y que tampoco se ha hecho pública- no hayan podido reunirse esos cinco mil euros –cifra que ahora conocemos porque el presidente sí ha querido hacer pública- para solventar la cuestión. Ergo, puede inferirse que el problema no fueron los cinco mil, sino que estos fueron el detonante de la ruptura, la coartada para poner fin a una vinculación que, desde fuera, parecía gozar de buena salud.

A su vez, el jueves pasado, Ferran López volvía sobre el tema en Onda Fuenlabrada: “A Javi Vega nadie le ha echado. Tenía contrato aquí pero ha querido irse a la LEB. No lo entenderé nunca”. El director deportivo del club añadió: “En los últimos años me estoy quedando anonadado o petrificado con las decisiones que toman algunos canteranos, empezando por Álvaro Muñoz, que hace dos años prefirió no seguir aquí para irse a jugar a la LEB. Si es para mejorar, lo entiendo, pero no entiendo porqué no quiso seguir aquí, cuando realmente el que te da la oportunidad de jugar en la ACB hemos sido nosotros”.

Estas afirmaciones tienen cierta lógica. ¿Por qué un canterano, que soñó desde pequeño con jugar en la ACB, decide marcharse desde un equipo de la máxima categoría a otro de LEB, y encima cobrando menos dinero? Entre las probables respuestas -y puedo estar equivocado- podría darse que, o bien porque valora más ‘trabajar’ en otro ambiente, o bien porque considera que le están abriendo la puerta de salida, y no es del gusto de nadie estar donde no le quieren.

Hasta aquí, nada nuevo bajo el sol. Lo novedoso es que parte de los simpatizantes se hayan manifestado, vía redes sociales, por unas declaraciones que dejan ‘vendidos’ a dos canteranos, demostrando que no es conveniente subestimar la capacidad de análisis propio del aficionado medio. Por otro lado, y lo que termina de inflamar el tema es que dos de los implicados, Javi Vega y Álvaro Muñoz, quienes siempre se habían mantenido en un silencio respetuoso con el club, respondieron en sus perfiles de Twitter. “En fin”, escribió lacónico el fuenlabreño, mientras que el alero abulense –desde Alemania- publicó: “El problema es ese... Que no lo entienden, y las culpas siempre son de los demás #Autocrítica”.

Evidentemente, algo se rompió para que dos muchachos que han tenido un comportamiento ejemplar en su trayectoria hayan ‘saltado’ de esa forma, para que la ‘auto-censura’, esa vil compañera a la que todos muchas veces echamos mano para no vivir en una confrontación permanente, no funcionase esta vez. Si no se trata de acomodarse a lo que a uno más le pueda convenir, simplemente alcanza con ponerse en el lugar de otro que ha tenido que irse a un club de menor categoría, resignar en lo económico y despedirse hablando maravillas del club que le formó. Esos otros, cuando escuchan lo que escuchan, pueden sentirse decepcionados por unas formas que, creo yo, no merecían.

Y aquí el problema no es de hipocresía, de decir una cosa bonita y pensar lo contrario. El tema es que se puede estar diciendo lo que realmente se piensa (no hubo matización de esas declaraciones en los días posteriores), y esa falta de sintonía entre canteranos y club es lo preocupante de cara al futuro. Cuando los directivos airean el dinero por el que se marchan los jugadores, cuando los directivos expresan públicamente estar “anodadados” ante las decisiones de los jóvenes formados en la propia casa, la conclusión que puede extraerse es que, afortunadamente para algunos, no todo en la vida es una cuestión de dinero. Existen los principios. Y la elegancia. Y la gratitud.

Todos cometemos errores, y siempre se está a tiempo de pedir perdón, o al menos tomar las medidas necesarias para evitar que se repitan puntos de desencuentro. Si este verano, ante el descenso deportivo, se proclamó a los cuatro vientos el "cambio en la política de fichajes de los últimos años", ante esta situación con algunos canteranos también debería reflexionarse sobre cómo se está gestionando la relación con ellos, condición fundamental para un club orgulloso de su cantera.


2 comentarios:

Anónimo dijo...

Palabra por palabra de acuerdo contigo Ezequiel. Pedimos pertenencia, defender valores, arraigo a nuestro equipo; y esos canteranos que han mamado el Fuenla desde pequeños, salen del club con la etiqueta de "culpables" de la situación. Al final seria bueno conocer las 2 verdades, pero gente como Javi Vega o Alvaro Muñoz demuestran quienes tienen la clase y el señorio que les faltan a otros.
Gran articulo

Generosa Sáez dijo...

De elegancia y gratitud estos dirigentes no saben qué es eso. Sólo saben utilizar y aprovecharse de las personas para su propio beneficio, cuando no les interesas saben dar la vuelta a las cosas para ellos salir siempre de buenas personas. Estamos anonadados, cuanto cinismo.