4 dic. 2014

Alfredo di Stéfano: símbolo de River, admirado en Boca

La Saeta Rubia fue el único entrenador que como entrenador campeonó con River y Boca. Hincha de la Banda Roja, Di Stéfano supo ganarse el reconocimiento del máximo rival, hecho inusual en Argentina. En la sección 'derbis del mundo' de Minuto116 recordamos el superclásico ganado por River con Minellita sustituyendo a Amadeo Carrizo como arquero. Descarga la revista 


Los dos grandes clubes de Argentina se fundaron en el barrio de La Boca. River Plate, en 1901, y Boca Juniors, cuatro años después. Allí, en un vecindario del sur de la ciudad de Buenos Aires, donde el Riachuelo desemboca en el Río de la Plata, surgió una encarnizada rivalidad que se propagaría luego por todo el país. Entre los 25.000 habitantes que por entonces vivían en La Boca, en su mayoría inmigrantes recién bajados de los barcos, estaba Miguel di Stéfano, italiano de Capri y cuyo hijo, Alfredo, nacía enfrente de la vieja cancha de Boca. Sin embargo, éste se decantó por la acera opuesta, defendiendo la camiseta de River como zaguero hasta que una lesión de rodilla le hizo retirarse muy joven. Su pasión por la Banda Roja se la traspasó a ‘Alfredito’, su primogénito, y que con el tiempo se convertiría en ‘La Saeta Rubia’.

‘Alfredito’ nació en 1926 en Barracas, a solo unas cuadras de La Boca. Socio de River desde los ocho años, creció jugando picados a todas horas bajo el apodo de ‘Minellita’, en alusión a la rubia cabellera de José María Minella, emblemático mediocentro riverplatense de los años 30. Sería Luraschi, ex portero y compañero del padre de Di Stéfano en River, quien lo recomendaría para pasar una prueba en la cantera rojiblanca.

Di Stéfano como técnico de Boca, junto a Silvio Marzolini en 1969 (Foto: El Gráfico)

Era la época dorada de ‘La Máquina’, y ‘el Alemán’, otro de sus apodos, mamó ese fútbol, el de la mítica delantera Muñoz, Moreno, Pedernera, Labruna y Loustau, quienes daban cátedra bajo la atenta mirada de los maestros Peucelle y Cesarini. Una lesión de Muñoz le dio la oportunidad de debutar en Primera en 1945, ganando la liga de ese año y, ya con Minella como técnico, la de 1947, donde además fue máximo goleador con 27 tantos en 30 partidos. Parecía que Di Stéfano haría, como la mayoría de los ídolos de entonces, toda su carrera en el mismo club. Sin embargo, la huelga de futbolistas de 1948 -donde Alfredo fue uno de los que llevaba la voz cantante de los trabajadores- enturbió la relación con la directiva y, en 1949, terminó yéndose a Millonarios de Bogotá, para luego consagrarse en el Real Madrid.

En uno de sus últimos partidos con River ocurrió un hecho particular. Era el 31 de julio de 1949 y el entonces líder del torneo recibía al último clasificado, que no era otro que Boca Juniors. En un momento dado, Amadeo Carrizo recibió un pelotazo bajo el estómago que le impedía seguir atajando. Como aún no existían los cambios, un jugador de campo debía sustituirle y, con 23 años recién cumplidos, Alfredo se puso los guantes. Fueron alrededor de nueve minutos hasta que se recuperó Amadeo, y River terminó ganando 1-0 con gol de Ángel Labruna a pase del ‘imbatido’ Di Stéfano. Si los que vieron jugar a Alfredo enfatizan su polivalencia como factor revolucionario en el fútbol, moviéndose todo el tiempo como defensa, volante o delantero, en aquel superclásico bien podría decirse que Di Stéfano ya era, literalmente, un ‘jugador de toda la cancha’.

Tras debutar como entrenador en El Elche, en 1969 Di Stéfano levantaba polvareda al aceptaba la oferta para ser el técnico de Boca. Dos décadas después La Saeta volvía a radicarse en Argentina, ‘que 20 años no es nada’, como cantaría su admirado Carlos Gardel. Pese a las reticencias iniciales de los hinchas auriazules, él fue tajante y respetuoso: “Nací y me crié en este barrio, como mis padres”, declaró en El Gráfico. Meses después, terminaron ovacionando a un técnico que sacó campeón a un equipo que parecía más cercano al paladar riverplatense, basándose en el talento y en el juego atildado en detrimento de la garra, dándole espacio a jóvenes y sentando a vacas sagradas, como Rattín, el veterano jefe de aquel Boca. Allí se demostró una vez más que todas las aficiones, cuando se gana, aplauden el buen trato de balón.

Di Stéfano acompaña a Mostaza Merlo tras la primera final del Nacional 81 donde River, como local, superó a Ferro por 1 a 0 (Foto: River Plate)

La aventura porteña terminó pronto y Alfredo fichó por el Valencia. Luego, en 1981, regresaría a Buenos Aires, pero ahora para dirigir al equipo de su corazón, River Plate. El contexto era muy diferente. El país estaba inmerso en un caos económico con la dictadura militar a punto de caer, mientras que el club estaba sumido en una guerra intestina que le hizo rozar la desaparición. El presidente Aragón Cabrera, nacido en Málaga, había contratado a Di Stéfano tras despedir a Labruna, el máximo ídolo -como jugador y como entrenador-, que venía de encadenar seis títulos en seis años. Para terminar de encender los ánimos, Alfredo, al que no le temblaba el pulso, se enfrentó al Beto Alonso, intocable para la hinchada. No obstante, un River de pico y pala y alejado de su tradicional estilo (obligado por las circunstancias), terminó proclamándose campeón del Nacional 81, superando en las dos finales a Ferro. En la segunda, disputada en Caballito, ganó con un gol de cabeza de Kempes, que se volvió a Valencia con el propio Di Stéfano como entrenador.

Alfredo se transformó así en el único entrenador hasta hoy que logró campeonar con Boca y con River. Aquel título de 1969 hizo que Di Stéfano se ganara para siempre el cariño de los hinchas boquenses. Un riverplatense de pura cepa admirado en Boca, un caso singular en el siempre virulento fútbol argentino, tal vez por ese aura especial que desprenden los Grandes, los que son respetados por todos los rivales, los que están por encima de cualquier antinomia. 


Reportaje en la última Revista Minuto 116. Click para agrandar

Di Stéfano y el Pato Fillol (izquierda), tras campeonar en el Nacional 1981 (Foto: River Plate)

Homenaje en el Monumental aprovechando un viaje de Di Stéfano a Buenos Aires (Foto: River Plate)

No hay comentarios: