3 mar. 2014

La destitución de un entrenador siempre es un fracaso colectivo (II)

[Opinión] El despido de Chus Mateo por parte del Fuenlabrada expone nuevamente cómo funcionan los resortes en el deporte profesional, donde los resultados devoran cualquier ‘proyecto’. "Cuando uno asume esta responsabilidad, sabe que el entrenador tiene fecha de caducidad", comentaba el propio Mateo en 2009, cuando tuvo que asumir por Luis Guil. Casimiro, su sustituto.


En noviembre de 2012, en ocasión del despido de Porfi Fisac, escribía el artículo 'La destitución de un entrenador siempre es un fracaso colectivo', el cual aggiornaré a fecha de hoy, cuando el Baloncesto Fuenlabrada anunció el cese de Chus Mateo. El comunicado oficial del club justifica la "poner fin a la vinculación" por "la dinámica de juego y resultados del equipo". El técnico madrileño apenas duró siete meses y 21 partidos en el puesto, con un balance de 7 triunfos y 14 derrotas (serían 9 y 16, respectivamente, si se suman los cuatro encuentros dirigidos en 2009). 

La destitución de un entrenador siempre es un fracaso colectivo: del propio técnico, que no puede torcer la mala racha de resultados; de los jugadores, que son los que ganan y pierden; y de los directivos, que contrataron a entrenador y plantilla, firmando contratos que luego no se cumplirán en su totalidad. En el deporte profesional impera la lógica del exitismo: cuando un equipo no funciona, el primer fusible es el entrenador. Guste o no, las destituciones ejecutadas por los dirigentes suelen estar legitimadas por la mayoría de los aficionados y periodistas. Por ello, hoy se asumen los ceses de técnicos con la misma naturalidad que también, por ejemplo, se asumen los insultos a los árbitros, justificando todo con ese latiguillo tan mezquino de “va en el cargo, va en el sueldo”.

Los vestuarios profesionales son ecosistemas de frágil equilibrio, y está claro que intentar identificar con precisión las causas de una dinámica negativa es un fenómeno complejo. ¿Cómo individualizar las culpas en un deporte colectivo y más cuando enfrente hay otro equipo que también juega? Lo sencillo (y 'generalmente aceptado') es apuntar a la cabeza del grupo. Sin embargo, la decisión del alejamiento de Chus Mateo implica un alto riesgo al dejar más expuestos a los jugadores, y a los directivos. Si el Fuenlabrada ahora empieza a levantar cabeza con un palmario cambio de actitud de la plantilla se (mal)pensará que “le hicieron la cama al entrenador”, priorizando su beneficio personal al del club. Por el contrario, si sigue la racha derrotista, resultará que “al final, el problema no era únicamente el jefe del banquillo”. El técnico es un fusible, pero puede proteger al plantel sólo una vez porque, si con el nuevo entrenador los rendimientos individuales siguen bajo mínimos, ya nadie podrá salvarlos ante los aficionados, al mismo tiempo que las cabezas podrían comenzar a girarse hacia el palco. Además, el despido de un 'coach' es una especie de comodín del que no puede abusarse por los actuales condicionantes económicos. De todos modos, en estos tiempos turbulentos en que vivimos, donde el desempleo castiga con crudeza en todos los ámbitos, la noticia sobre la destitución de un técnico tampoco debería ser tomada con dramatismo. El sistema está así montado y, aunque uno ya se resigne a aceptarlo, no debería tampoco dejar de reflexionar sobre las 'costumbres' del deporte profesional, que busca encontrar culpables más que encontrar la raíz de lo problemas.   

Por eso mismo, la marcha de Chus Mateo no toma por sorpresa a nadie que siga el día a día del Fuenlabrada. Si hace exactamente una semana comenzaron las filtraciones sobre el “descontento” de una directiva que amenazaba con “tomar decisiones”, anteayer, en víspera Fuenlabrada-CAI, Ferran López, director deportivo del club, tuiteaba: “Mañana, partido importantísimo contra el CAI. Hay que ganar sí o sí después de la victoria del Murcia de hoy. Hay que salir a muerte desde ya. No valen excusas, solo vale ganar y necesitamos la victoria ya”. La duda de si el mensaje (público) era para los jugadores, o para el entrenador, quedó despejada hoy mismo.

La salida de Chus Mateo permite la vuelta al club de Luis Casimiro, un hombre que conoce la entidad a la perfección y que también es conocido por todos, directivos y aficionados. El Baloncesto Fuenlabrada ha pasado de ser un club de entrenadores ‘de larga duración’ a otros de períodos más cortos. Óscar Quintana estuvo siete años en el banquillo (1997-2004), dejando paso a Luis Casimiro (2004-2008). Desde allí, los ciclos se acortaron con perfiles de técnicos para todos los gustos. En el verano 2008 asumió Luis Guil quien, en diciembre de 2009, era despedido. Tras cuatro partidos con Chus Mateo como interino, llegó el turno de Salva Maldonado, decisión que con la perspectiva del tiempo se antoja como uno de los mayores aciertos en la historia del Fuenlabrada. En contra de la masiva presión popular, no se llegó a un acuerdo de renovación con el técnico catalán, el cual es ovacionado cada vez que regresa al Fernando Martín. Luego, en 2011, se firmó a Porfi Fisac, despedido en 2012, sucediéndole Trifón Poch y, ya en esta campaña, Chus Mateo. Recapitulando, en cinco años: Guil, Mateo, Maldonado, Fisac, Poch, Mateo y, ahora, Casimiro.
Por otro lado, también habría que analizar cómo estos cambios en el banquillo pudieran afectar el proyecto de cantera del club. José Quintana, presidente del club, presentaba así el fichaje del técnico madrileño el pasado mes de julio: “Chus conoce como pocos nuestro club, no sólo lo concerniente al primer equipo, sino también la cantera”. Año y medio atrás, en noviembre de 2011, Ferran López explicaba la decisión de contratar a Trifón Poch en lugar de Luis Casimiro: “Casimiro basa mucho su juego en gente veterana y nosotros tenemos una plantilla con mucha gente joven. Miramos los perfiles, los pros y los contras y para este Fuenlabrada encajaba mejor el perfil de Trifón”. En la presente temporada, el club realizó una apuesta plena al invertir en tener un equipo propio en Adecco Plata, el Fundación Baloncesto Fuenlabrada, líder de la categoría de bronce con Armando Gómez en el banquillo. 

El propio Ferran, ya en agosto de 2013, argumentaba la incorporación de Chus en lugar de Casimiro: “Fichamos a Chus primero por el conocimiento que tiene del club. Después porque la política del club de apostar por la cantera empezó un poco con él aquí. Aunque este verano hemos fichado a tres jugadores veteranos, la filosofía que seguimos en el club es apostar por la gente joven. Y además porque pensamos el equipo que íbamos a hacer encajaba un poco en el perfil que buscábamos como entrenador. El nombre de Luis Casimiro también se había barajado, pero al final decidimos que Chus era la persona idónea, porque conoce la casa y sobre todo porque la apuesta del club son los jóvenes”.
"Muchas veces uno no entiende ciertas decisiones o actitudes, pero cuando uno asume esta responsabilidad sabe que el entrenador tiene fecha de caducidad", reflexionaba Chus Mateo en diciembre de 2009 ante el cese de su compañero Luis Guil, quien acaba de asumir en el Bucaneros de Venezuela. Por ello hay que distinguir entre la fecha de caducidad que impone un sistema basado en los resultados y la fecha de caducidad que uno mismo se imponga en su profesión. No tengo dudas de que el técnico madrileño se recuperará del golpe y que seguirá vinculado al mundo del baloncesto, como también que el Fuenlabrada saldrá adelante ante la drástica decisión que supone el fracaso colectivo de tener que echar a su propio entrenador. 

Por otro lado, Luis Casimiro vuelve a Fuenlabrada. El calendario, caprichoso, depara el debut de Casimiro en Manresa, justo en Nou Congost, donde su TDK logró una epopeya que seguramente no se repetirá más en la ACB, la que un club modesto se consagre campeón. Allí, en la Comarca del Bages, Casimiro dirigido en mayo de 2006 al último Fuenla que ganó allí, y que terminó condenando al descenso al Manresa.  El técnico manchego, que ya se había ganado un sitio propio en la historia del Fuenlabrada, ahora podrá agigantar su figura en el Fuenla si el equipo logra la permanencia. El domingo, la primera final.


Chus Mateo, en un tiempo muerto del último Cajasol-Fuenlabrada (Foto: ACB / Tolo  Parra)


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