5 jul. 2013

Cuando el sur empezó a existir

La llegada al Napoli de Rafa Benítez, personaje central del cuarto número de Minuto116, sirve para rememorar los años de Diego Maradona con la camiseta celeste y sus duelos con los grandes equipos del norte, especialmente con la Juventus de Michel Platini
Descarga la revista 


Artículo incluido en el número 4 de la revista Minuto 116 (julio)


Cuando el sur empezó a existir

El Nápoles es el único club del sur de Italia que ha reinado alguna vez en la Serie A. Sus dos scudetti, en 1987 y 1990, fueron capitaneados por Diego Maradona, el hombre que subvirtió el status quo del Calcio, permitiendo que el popular cuadro celeste se sentara por primera vez en la misma mesa de los poderosos del norte. Allí, en el caliente ambiente partenopeo, recala ahora Rafa Benítez, protagonista de este número de Minuto 116.

Corría el verano de 1984 y el Nápoles rompía el mercado al pagar una cifra récord por Maradona. El club azzurri, que en toda su historia apenas sumaba un par de Coppas, venía de salvarse del descenso por un punto en una liga obtenida por la Juventus. En el país trasalpino se alistaban para el duelo entre los dos astros del momento, el Pelusa y Michel Platini.

“Nos recibieron con una bandera que me hizo entender que la batalla del Nápoles no era sólo futbolística: ‘Bienvenidos a Italia’, decía”, contaba Maradona en su libro ‘Yo soy el Diego’ sobre su debut en la Serie A. Fue en el campo del Hellas Verona, aunque la animadversión hacia los emergentes y orgullosos napolitanos se propagó rápidamente por Turín y Milán.


10 de mayo de 1987, Napoli conquista su primer Scudetto  (Portada del Guerin Sportivo)

Los duelos Juve-Napoli de la primera temporada (1984/85) registraron un triunfo bianconero y un empate. Lo habitual. Sin embargo, el 3 de noviembre de 1985 llegaría la primera gran alegría celeste ante el vigente campeón europeo: 1-0 con un antológico gol de Maradona, quien clavó un tiro libre indirecto dentro del área con parábola imposible por encima de la barrera. Los azzurri ya no sólo molestaban en la grada, sino que comenzaban a mandar en el césped.

En el plano individual, Platini se llevaba su tercer Balón de Oro consecutivo (1983/84/85) ante un Maradona que no podía optar al premio por su condición de no europeo. El Diego, no obstante, levantaba la Copa Mundial en México, augurio del impacto que estaba a punto de producirse en el Calcio: el Nápoles obtendría para el denostado sur el primer scudetto de la historia, y con dos triunfos ante la Juve. El primero sería decisivo: 1-3 en Turín. Aquel 9 de noviembre de 1986, el Viejo Comunale de Turín fue copado por una multitud de obreros napolitanos emigrados al industrioso Piamonte. Y para que la fiesta fuese completa, hubo doblete con la CoppaSi bien muchos opinan que el Pelusa lideraba a una banda de pataduras, la realidad es que Ottavio Bianchi dirigía un equipazo, con Ciro Ferrara como jefe de la defensa, Salvatore Bagni y Fernando De Napoli en el medio, y Bruno Giordano y Andrea Carnevale arriba (los cinco eran internacionales con Italia). Asimismo, años después se sumarían dos cracks brasileños: Alemão y Careca.

Desde esa liga la rivalidad se potenció (también con el Milan). Inolvidable sería también el cruce de cuartos de final por la Copa de la UEFA 1988/89. Los bianconeros vencieron en la ida (2-0), aunque en la vuelta Renica hacía estallar al San Paolo al anotar el 3-0 en el minuto 119 de la prórroga. El Nápoles, lanzado, ganaría su primer gran título internacional tras deshacerse después el Bayern Munich y del Stuttgart. Maradona seguía generando un torbellino -dentro y fuera de la cancha-, y el sur volvía a vengarse del norte con la segunda y última liga, 1989/90.



Acto seguido se disputó el Mundial de Italia, y quiso el destino que Argentina inaugurara el torneo en otro feudo enemigo de Maradona: el Giuseppe Meazza, donde los milaneses se quedaron afónicos de tanto celebrar el triunfo de Camerún (1-0). Los octavos de final llevaron el Brasil-Argentina a Turín, donde el pibe de Villa Fiorito devolvía insultos a medio Delle Alpi a la vez que se abrazaba con Caniggia. Y quiso el destino que la semifinal fuera un Italia-Argentina. ¿Dónde? En el San Paolo, estadio en el que los fieles sentían adoración divina por San Gennaro y por Santa Maradona. Argentina pasó a la final, y allí capituló.

Poco después, Maradona ganaría su quinto y último título en el Nápoles: 5-1 ante la Juventus por la Supercopa italiana de 1990. Pero la luz del genio comenzaba a apagarse entre bajones de juego, polémicas, sanciones por dopaje y vínculos con la camorra, por lo que no extrañó su marcha en 1991. En aquella época un tifoso exhibió un mural que decía: "Nápoles tiene tres cosas bellas: el Golfo, el Vesubio y Maradona". El Golfo y el Vesubio siguen ahí, y El Diego también, vivo por siempre en el corazón de los napolitanos.





Archivo / Derbis del mundo:
Barça-Madrid, un clásico mundial (Mayo 2013)
Chelsea-Arsenal, el derbi moderno de Londres (Abril 2013)
'El 7-0 no se olvida más' (Estudiantes-Gimnasia y Esgrima de La Plata) (Marzo 2013)

No hay comentarios: