18 mar. 2013

San Lorenzo: el padre Massa, el Papa Francisco y la historia del ‘falso cura’

La elección de Jorge Bergoglio como Sumo Pontífice ha causada un revuelo mediático en el ‘Cuervo’ de Boedo, buena ocasión para recordar la película ‘El Cura Lorenzo’ (1954) sobre el origen del club, y la anécdota del hombre que se hizo pasar por sacerdote para no perderse la inauguración del Nuevo Gasómetro en 1993.


La elección de Jorge Bergoglio como nuevo Papa ha puesto en el candelero a San Lorenzo de Almagro, club de los amores de Francisco. Muchos se preguntan cómo lo religioso puede mezclarse tanto con lo deportivo, pero en Argentina cada persona tiene (exagerando) nombre, apellido, DNI y cuadro de fútbol. Y por ello no sorprende que anteayer el Papa cerrara una entrevista en una televisión italiana con un “y que gane San Lorenzo”.

San Lorenzo fue fundado en 1908 en el barrio porteño de Almagro bajo la inspiración del sacerdote Lorenzo Massa (si bien la ubicación original fue en Almagro, este barrio luego se subdividió, quedando el club ‘santo’ en el entonces flamante barrio de Boedo). Sobre el padre Massa se hizo la película ‘El cura Lorenzo’ (1954), donde se cuenta su historia en la Buenos Aires de principio del siglo pasado. La cinta, si bien tiene casi 60 años, soporta el paso del tiempo y, gracias a Youtube, también puede verse en la red (es cuestión de gustos, pero es muy interesante como describe aquella época). Además del ‘Santo’, a San Lorenzo se le conoce como ‘El Cuervo’, como a sus hinchas ‘cuervos’, por uno de sus fundadores (y el color negro de la sotana).


Cartel del filme protagonizada por Ángel Magaña. Arriba, con gafas, el verdadero Lorenzo Massa

De sobra es conocido que la contratación de los extraordinarios futbolistas vascos Ángel Zubieta Isidro Lángara por parte de San Lorenzo en 1939 (ambos estaban exiliados tras la guerra civil) motivó que muchos españoles emigrados en Argentina simpatizaran con el ‘Ciclón’ (ambos fueron figuras, sobre todo Zubieta, que llegó a ser capitán del equipo y jugó allí entre 1939 y 1952). Por entonces a San Lorenzo se le empezó a llamar “el equipo de los gallegos” (también a Independiente de Avellaneda), sobre todo tras la exitosa gira por España entre 1946 y 1947. De aquel equipazo 'azulgrana' se enamoró Jorge Bergoglio cuando tenía diez años, como él mismo reconocería en el centenario de la entidad en 2008.




Por otra parte, la repercusión en los medios sobre Jorge Bergoglio me recordó a una historia, también relacionada con lo eclesiástico, contada en el libro ‘Las anécdotas de fútbol / La Viruta’, de Enrique Escande, Diego Borinsky y Carlos Werd (1999). En 1993 se inauguró la nueva cancha de San Lorenzo, quien carecía de estadio propio desde 1979, y era casi imposible poder conseguir una entrada para el evento... La trascribo a continuación: 


  • Espectador privilegiado

El 1º de mayo de 1993, un simpatizante de San Lorenzo que no consiguió su entrada para la fiesta de inauguración de las tres primeras tribunas del Nuevo Gasómetro, se las ingenió para participar en la celebración desde un lugar privilegiado.

El hincha cuervo había gestionado la compra de la localidad casi a último momento y sólo obtuvo respuestas negativas de los empleados del club y también del tesorero, quien le juró por su madre que se habían agotado diez días antes y que él mismo no tenía para regalárselas o vendérselas a sus amigos y familiares, que lo estaban volviendo loco.

Tras insistir hasta el cansancio y lejos de desilusionarse, el hincha aconsejó al directivo que recordase bien su cara porque le iba a dar una sorpresa al participar de la celebración "desde la mejor posición", ya que no podía estar ausente en aquel acontecimiento histórico para el club. En la tarde de aquel sábado lluvioso y húmedo, más de 10.000 personas asistieron a la pre-inauguración del estadio –pese a que se habían puesto en venta sólo 7.000 entradas– y entre los dirigentes, invitados especiales, periodistas, jugadores y viejas glorias sanlorencistas entró al campo de juego un cura, con impecable sotana, que recorrió la cancha de punta a punta.

Había llegado al lugar caminando por la avenida Perito Moreno, llena de policías -que revisaban las locali­dades para neutralizar a los colados y evitar tumultos frente a los portones del estadio-, quienes, al verlo, invariablemente lo saludaban y pedían a los aficionados que le abrieran paso.

Saludó al presidente del club, Fernando Miele, a los dirigentes de otras entidades deportivas, autoridades y ex futbolistas con un "Dios los bendiga" que a nadie llamó la atención.

En el club, fundado el 1 de abril de 1908 por el sacerdote salesiano Lorenzo Mazza, era lógico que un cura entrara libremente a sus instalaciones sin que nadie le pidiese una credencial, entrada o identificación de ningún tipo. Otros dos sacerdotes, vestidos con modernos trajes y encargados de bendecir el nuevo estadio, lo miraban sin atreverse a preguntar nada mientras el falso cura se paseaba de un lado a otro tratando de no llamar la atención.

"Yo te dije que iba a venir y que te ibas a sorprender", dijo en determinado momento el falso cura casi al oído del tesorero del club segundos antes de que comenzara la ceremonia oficial en el centro de la cancha.

El dirigente quedó impactado, pero seguramente pensó que si ordenaba ante 10.000 personas el desalojo de aquel singular personaje, vestido de sacerdote, podría pasar el papelón de su vida y hasta generar una situación incómoda para los otros miembros de la comisión directiva e invitados que llevaría mucho tiempo aclarar, por lo que se hizo el distraído y evitó comentario con otras personas.

Cumplida la ceremonia, el impostor se acercó a una de las tribunas cabeceras, repleta de hinchas que minutos antes habían ovacionado a José Sanfilippo y a otros ex futbolistas, extrajo de entre sus ropas una benditera e impartió la bendición a la multitud.

Este hecho provocó una ovación impresionante. Inmediatamente los hinchas corearon el nombre del club, ante lo cual el falso cura no pudo mantener su circunspecta postura y en una reacción que generó en primera instancia un breve silencio del público, se desabrochó la sotana y mostró la camiseta azulgrana que llevaba debajo. Fue el delirio.

Volvió al centro del campo, saludó a los sorprendidos dirigentes e invitados y emprendió la retirada. Pasó por el lugar donde estaba el tesorero y murmuró: "Te avisé que iba a venir. Gracias por todo y viva San Lorenzo, carajo".

El "cura trucho" (*) era Horacio Romero, un fana de 49 años, vendedor de diarios y revistas en el quiosco de las calles Juan de Garay y Santiago del Estero, a quien sus amigos llaman "El Zurdo" o "El Loco". Trabajó como sastre en Thompson y Williams y, según se comentó en el barrio de Boedo, la sotana la confeccionó en tiempo récord su hermana modista. Días después, cuando el pe­riodista Juan José Panno lo encontró y logró hacerle una entrevista para el diario Página 12, dijo que tenía dos opciones para entrar a la cancha: vestirse de cura o de policía. Y agregó: "De policía, jamás".

(*) Trucho significa falso, apócrifo


La imagen que desde el miércoles pasado se replicó en todos los medios: un Papa futbolero que en 2008 participó activamente en el centenario de San Lorenzo

1 comentario:

Javi dijo...

Qué bueno el cura trucho!!!