29 ago. 2012

Adolfo Mogilevsky, el adiós de un pionero

Fallece a los 96 años el precursor de la preparación física en el fútbol argentino. Desde 1944 emuló los métodos de entrenamiento que se aplicaban en Italia. Adelantado a su época, ejerció como fisioterapeuta (kinesiólogo) en numerosos clubes. Símbolo de Atlanta, sus equipos lanzaban claveles a las hinchadas rivales. Dejó la selección argentina al ser tildado de mufa por Bilardo.


Hoy en día cualquier trabajador del fútbol puede tener sus 15 minutos de fama de múltiples maneras, ya sea por una hazaña del juego o por la creación de un personaje con alta exposición mediática. Sin embargo, hubo un tiempo sin redes sociales ni internet donde la gente se labraba un nombre a base de trabajo y reconocimiento de sus pares, donde la trayectoria estaba marcada por un largo camino de esfuerzos cotidianos. Así fue la vida de Adolfo Mogilevsky, fallecido ayer a los 96 años, un hombre que transformó la preparación física del fútbol argentino al aplicar junto a Pablo Amándola el sistema de pretemporada que ya se empleaba en Italia en los años 40.

Sus equipos se caracterizaron por marcar diferencias en los tramos finales de los partidos, basando su trabajo en el rigor físico y en el convencimiento al futbolista a través de una forma pedagógica de explicar sus métodos. Asimismo, su particular forma de ser ofrecía anécdotas allí por donde pasaba. Nacido en Avellaneda en 1916, ‘Mogui’ fue multi-deportista desde joven, destacándose en lucha greco-romana, rugby y judo. Especializado en educación física, comenzó a trabajar y dejar huella en los grandes clubes de la colectividad judía –Macabi, Hebraica y Hacoaj- para luego vincularse al fútbol cuando se incorporó a Racing en 1944, primer club donde aplicaron los entrenamientos con balón de forma sistematizada.

Ya recibido de kinesiólogo (fisioterapeuta), ejerció también en Lanús, Banfield (subcampeón en 1951) y Platense, hasta que en 1955 se sumó a la selección argentina. El ‘Taladro’ fue el primer club argentino en realizar una pretemporada, hecho que el propio Adolfo Mogilevsky comentó en una entrevista publicada en La Nación: “Yo me informaba de todo lo que pasaba en el mundo deportivo. Acá no se hacía nada de lo que se realizaba afuera. Como los partidos duraban 90 minutos, sólo se entrenaban durante ese lapso. Antes los jugadores debían correr 1500 metros sin límite de tiempo. Varios profesionales no llegaban a la meta. No había reprimendas; a lo sumo, un tirón de orejas. Me costó que me entendieran. Antes salían de farra, comían puchero con vino y salían a jugar. Ahora son mucho más profesionales, obviamente por el dinero que perciben. La lesión más común era el esguince de tobillo. En gran parte se debía a lo rudimentarios que eran los calzados. Además, no se realizaban ejercicios específicos para fortalecer esa zona. Conclusión: la preparación física pasó a ser la clave en la que se apoyan los equipos. La primera pretemporada que se realizó en nuestro país la hizo Banfield, en 1951. Yo era el preparador físico y me enteré de que los equipos europeos iban a entrenarse cierto tiempo a lugares montañosos. Los copié y nos fuimos para Córdoba. Ese año, Banfield casi sale campeón".


Mogilevsky, junto a Carlos Timoteo Griguol, uno de sus dirigidos en Atlanta (Foto: www.sentimientobohemio.com.ar)


Asimismo, la primera pretemporada de la selección argentina tuvo lugar en las montañas de Mendoza en la preparación del Sudamericano de 1959, donde Argentina obtuvo el título tras eliminar a Brasil, campeona mundial un año antes. Mogilevsky compatibilizaba sus funciones en la selección con Atlanta, el club de su corazón y al que se unió en 1958, primero como preparador físico de Manuel Giúdice y luego, en 1960, asumiendo como entrenador de un equipo bohemio que ganaría la Copa Suecia (embrión de la Copa Argentina). Allí dirigió a futuros cracks como Luis Artime, Carlos Griguol (ex entrenador del Betis que aplicó muchos de sus métodos) y Osvaldo Zubeldía, quien se retiraría en 1960 para conformar tándem técnico con ‘Mogui’. Zubeldía haría allí sus primeras armas en un estilo de conducción que separaría las aguas en el fútbol argentino (además del ‘doble-turno’, el ex técnico de Estudiantes empezaría a aplicar un novedoso sistema que intentaba anular el juego del rival basándose en una ordenada distribución de los futbolistas con jugadas súper-ensayadas en la semana).

En el libro ‘Las anécdotas del fútbol’ de Enrique Escande (Editorial Planeta / 1999), se cuentan varias anécdotas del ‘Profe’, un tipo ocurrente y que se caracterizó por hacer cosas diferentes. Por ejemplo, el incluir labores extradeportivas en las pretemporadas, como actividades artísticas y grupales. Atlanta desarrolló su primera pretemporada en 1961, en las sierras cordobesas de La Cumbre. “El penúltimo día de la pretemporada, el profesor encargó a sus jugadores que prepararan una actividad teatral, un espectáculo en el que algunos debían bailar el malambo, otros formar un coro, otros representar -disfrazados- una escena gauchesca y hasta uno se atrevió a 'hacer música' con un peine y un papel de seda”. Las actividades tuvieron buena acogida y hasta se presentaron como espectáculo antes los huéspedes del hotel, que formaban jurados para elegir los mejores cuadros pintados por los futbolistas. “En mis equipos, era habitual que se cantara, que se hicieran juegos de preguntas y respuestas o torneos de rayuela, básquet o vóleibol. Con estas actividades llenábamos el tiempo libre, evitábamos el truco o el tute y lográbamos, además de consolidar el grupo, que los jugadores se dieran cuenta de que eran capaces de hacer cosas que nunca antes habían soñado”, rememoraba Mogilevsky, orgulloso de sus métodos. No obstante, no todos estaban de acuerdo con esa forma de trabajar, como Ángel Labruna, que lo tuvo como preparador físico cuando era entrenador de River en 1969 y que le llamaba ‘el Ruso’ (por su origen judío). Además de la Banda Roja el 'Profe' también trabajaría en San Lorenzo, Ferro y en el Comité Olímpico Argentino (1979-1988).

"En 1962, aún en Atlanta, el ‘Profe’ advirtió con cierta molestia que la prensa ignoraba al equipo bohemio por más que, casi sistemáticamente, sus jugadores daban muchísimo trabajo y hasta les ganaban al menos una vez por año a los grandes. “Boca perdió con Atlanta”, solían titular los diarios en lugar de anunciar “Atlanta venció a Boca”. Mogilevsky se vio entonces en la necesidad de apelar al ingenio para llamar la atención y decidió repetir una fórmula que diez años antes le había dado un magnífico resultado en Platense. Después de convencer a los muchachos, cabuleros [supersticiosos] a más no poder, les cambió el número de sus camisetas provocando el desconcierto de la prensa y de sus adversarios, que perdían ese segundo fatal en el campo de juego tratando de encontrar a su marca, a la que ya no podían reconocer con sólo mirarle la espalda. Un periodista, enloquecido por el imprevisto cambio, arremetió contra Mogilevsky en un vestuario y le preguntó ofuscado sobre las razones de semejante decisión. 'Vaya y pregunte a los jugadores si les molesta que hayamos cambiado los números', sugirió el preparador físico. Desesperado por obtener una respuesta cómplice a su molestia, el escriba abordó al zaguero Oscar Alejo Clariá, quien le respondió: 'No, ¿qué problema voy a tener si tengo el número en la espalda y no lo veo?". Por entonces la numeración de los equipos iba del 1 al 11 (lógicamente, los nombres en los dorsales llegaría décadas después)
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Adolfo Mogilevsky, homenajeado en el centenario de Atlanta, en Villa Crespo (Foto: www.sentimientobohemio.com.ar)


En el libro de Escande también se cuenta la anécdota de cuando sus equipos entraban al campo de juego lanzando claveles a las gradas: “El súmmum de la originalidad se produjo con la segunda 'idea captadora de atención periodística', complementaria de la primera. Con su amigo Amándola, que fue en verdad quien la recogió del fútbol italiano, propusieron a los jugadores de Atlanta la compra de flores para arrojar a las hinchadas rivales. Así lo hicieron -al principio algunos jugadores se resistieron y se dice que uno de ellos fue el arquero Errea- y, durante dos años, fueron habituales las 'vaquitas' de dos pesos por cada uno para comprar claveles, que eran arrojados a la tribuna contraria tras el saludo de rigor. Al principio, los hinchas los puteaban y los escupían, pero después hasta se peleaban por conseguir una flor', recordaba Mogilevsky con una sonrisa”.

Tras un tiempo alejado del fútbol, en 1985 volvería a la selección argentina como fisioterapeuta bajo las órdenes de Carlos Bilardo. Ausente en un par de partidos por las Eliminatorias para el Mundial de México, una increíble situación se vivió en el siguiente encuentro, cuando la albiceleste recibía a Venezuela en el Monumental de River. En el momento en que Mogilevsky quiso sentarse en su lugar habitual en el banquillo, le comunicaron que no podía, que debía cambiarse de sitio por expresa orden de Bilardo, ya que “debían mantenerse los mismos lugares” tras dos triunfos consecutivos. La situación se zanjó con el ‘Profe’ expulsado del banco. “Fue una falta de respeto, al día siguiente renuncié”, aseveró por entonces Adolfo Mogilevsky. Se corrió el estúpido rumor de que era mufa (gafe), situación inverosímil que le llevó a hartarse del ambiente futbolero.

Desde entonces se dedicó de lleno a su Instituto de Kinesiología, gimnasia y recuperación cardíaca, así como a las actividades con discapacitados. Como en sus inicios, su pasión por ejercer la docencia marcaba todas sus actividades. Autor de cinco libros (uno de fútbol, escrito en 1967, y el resto relacionados a la kinesiología) y de numerosas publicaciones, en 2009 recibió un homenaje en los actos del centenario de Atlanta. Así fueron sus últimos años, entre distinciones públicas y reconocimientos (con 95 primaveras seguía concediendo entrevistas).

"Siempre hubo reacios en los planteles, futbolistas que se fastidiaban ante las consignas a cumplir. Pero cuando se les explicaba para qué hacían cada cosa, cuando se les decía que pintar un cuadro o correr mil metros contribuía a su desarrollo como jugador, se acababan los reacios. Yo lograba que el futbolista quisiera hacer lo que le pedía. Ese era mi secreto". Adolfo Mogilevsky, un pionero único e irrepetible.


Discurso de Adolfo Mogilevsky en su cumpleaños número 90

1 comentario:

Javi dijo...

DEP.
Qué tipo tan divertido! Lo de "Profe" lo he escuchado también en Getafe, sobre todo en la época que estaba Óscar García, también fisio.