2 abr. 2012

¿Qué te pasa, Fuenla?

El Mad-Croc Fuenlabrada atraviesa su peor momento de la temporada. Si la derrota en casa ante Banca Cívica mostraba una grieta en la nave fuenlabreña, el traspié ante Obradoiro -sexta derrota en serie- enciende definitivamente las alarmas. El quid de la cuestión es un equipo puede pasar en mes y medio de ser admirado y respetado por todos a ser carne de cañón.



La derrota en casa frente al Banca Cívica del pasado 18 de marzo fue el detonante. Porfi Fisac, visiblemente enfadado en el último tramo del partido, no compareció en rueda de prensa y tuvo que ser el segundo entrenador, Sergio Jiménez, quien oficiara la misma cual ‘Aitor Karanka del Fuenlabrada’. Un pronto lo tiene cualquiera y seguramente un triunfo hubiera apagado cualquier principio de incendio, pero las derrotas se acumularon (Triumph, Gran Canaria y Obradoiro), se ventilaron cuestiones internas del vestuario y el ambiente comenzó a espesarse, a tal punto que el propio Porfi Fisac arrancó su última rueda de prensa anticipando que “no iba a dimitir”, en una alocución donde redobló su apuesta: todo o nada. A favor de su exposición pública hay que decir que afronta de manera directa la situación del equipo, hace autocrítica y envía un mensaje claro: al Fuenlabrada lo salvan entre todos o no lo salva nadie. Lo preocupante es que cuando un entrenador aire todo esto ante la prensa evidencia que la situación es tan límite que ya no valen paños fríos, que no hay camino de retorno.

A Napoleón se le atribuye la frase “la victoria tiene cien padres y la derrota es huérfana”, la cual se viene aplicando desde tiempos inmemoriales en el deporte profesional. Desde fuera, recapitulamos algunos puntos (de perogrullo) para intentar explicar la dinámica negativa del equipo de Porfi Fisac, con sólo un triunfo en los nueve partidos disputados en la segunda vuelta.

Menor volumen de juego: el equipo ha perdido conexiones dentro de la pista, sufriendo en exceso cuando ataca en estático. Los sistemas se reducen a la mínima expresión.

Bajones individuales: los problemas colectivos están directamente relacionados con decrecientes actuaciones personales. Por ejemplo, en la primera vuelta Kirk Penney promediaba 10.9 de valoración, mientras que sólo en la segunda acumula 3.2. Por su parte, Mike Hall, de brillante primera mitad en Gran Canaria, no puede reflejar en la pista todo el carisma que tiene fuera de ella.

Estado de forma: es complejo cuantificar cuánto ha afectado en lo físico (y en lo mental) los 16 partidos extras que el equipo ha disputado esta temporada (15 por EuroChallenge y uno por la Copa), pero el pico de rendimiento del conjunto naranja parece haber estado entre enero y febrero.

Pívot: conocido es por todos, pero no debería dejarse de lado. En diciembre Gustavo Ayón, jugador franquicia, se marcha a la NBA, y acto seguido, el segundo ‘center’ del equipo, Mou Sené, se lesiona para toda la temporada. Se ficha a Michel Diouf, quien llega como apuesta de futuro (contrato hasta 2016) aunque su aportación presente es insuficiente. Luego se incorpora Mike Hall, que como dijo Porfi Fisac, "es un cuatro y buscábamos un cinco", pero la ausencia de ‘centers’ natos en el mercado hacen que el club apueste por el ala-pivot de Chicago. También llegó Robert Joseph, debutante en la ACB con 33 años, para aportar lo suyo desde un rol secundario. En la presente campaña también se ha probado en esa posición al canterano Massine Fall (dos partidos) y al temporero Dejan Musli (un partido, tres minutos).

Cambios en la plantilla: en la segunda vuelta también se han producido las salidas del equipo de Lubos Barton y el ida y vuelta de Robert Joseph. Además, se produjo la (inesperada) desvinculación del segundo entrenador, Juan Pablo Márquez.

Fragilidad del Fernando Martín: si con Salva Maldonado el Fuenla había recuperado la fortaleza de local, esta temporada el balance vuelve a ser negativo: seis triunfos por ocho derrotas en casa. Además de las caídas 'lógicas' ante Real Madrid y Barcelona, se ha perdido ante Manresa, CAI, Alicante, Joventut, Cajasol y Obradoiro. Ferran Laviña el viernes pasado se refería al estado de ansiedad de los últimos partidos: "Ahora en casa nos está pesando la responsabilidad, no porque la afición no esté con nosotros, sino que al revés, como está tan con nosotros y es tan caliente, además de que no nos salen las cosas sentimos que les estamos fallando, y eso nos da un plus de nerviosismo y de tensión. Pero que la afición no cambie, que siga igual, porque en momentos complicados nos han llevado para delante”.

Afición: siguiendo con la hinchada, evidentemente la seguidilla de derrotas repercute en el ánimo de una parcialidad fiel y ruidosa, reflejándose ante Obradoiro una circunstancia que no se había producido desde el fatídico encuentro ante el Joventut (que marcó la destitución de Luis Guil): la afición visitante del conjunto gallego se oyó más que la local. Incluso la peña Fuenlabrada Blues, el sector más animoso y el que suele ser el primero en contagiar al resto del pabellón en momentos de adversidad, estuvo más apagada que de costumbre.

¿Cómo se soluciona? Si fuera tan fácil ya lo habrían hecho los jugadores, principales interesados en revertir la situación. A bote pronto, claves serán la unión del vestuario (compromiso y solidaridad con el compañero) y que cada uno asuma su rol con valentía: que aparezcan los jugadores llamados a marcar diferencias, que los veteranos respalden a unos jóvenes a los que no les queda otra que madurar de golpe (y a los golpes), que los directivos tengan la sapiencia necesaria para tomar las decisiones oportunas (a veces hay que meter el cuchillo para curar las heridas, y otras solamente cubrirlas para que dejen de sangrar), y que la afición sea crítica, pero comprensiva y sin perder la perspectiva de lo que es el Baloncesto Fuenlabrada.
En definitiva, se trata de que todas las partes sumen.

Todo lo enunciado se taparía con un par de victorias, y estas llegarán desde la unión y la tranquilidad. Airear conflictos, chillar en las redes sociales o echarle las culpas a otros sólo servirá para descargas personales, pero lo cierto es que el martes el Fuenlabrada se juega un partido trascendental en su visita al Estudiantes. Al acabar el duelo ante Obradoiro, en la zona mixta intentamos preguntarle al presidente José Quintana por la situación, quien se disculpó por no querer hacer declaraciones: “Estoy tan caliente que mejor me quedo callado”, zanjó. Los que sí tienen que hablar en la pista son los jugadores, los mismos que hace mes y medio hacían delirar de alegría a sus aficionados, los mismos que deberán dejarse el alma para que el Fuenlabrada disfrute un año más de la ACB.


Las caras el día de la eliminación ante el Triumph Lyubertsy lo decían todo (Foto: Fuenlabreak / Fran Martínez)

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