4 sept. 2011

Lecciones del rugby

El próximo viernes comienza en Nueva Zelanda la sexta edición del Mundial de Rugby, deporte que aún posee una serie de valores ya olvidados en el fútbol. A su vez, hay cuestiones reglamentarias que el balompié bien podría emular para solucionar situaciones controvertidas.


Desde el próximo viernes 9 de septiembre y hasta el 23 de octubre se desarrollará en Nueva Zelanda la sexta Copa Mundial de Rugby, evento que contará con 20 selecciones y del que durante esta semana volveremos a referirnos.

El origen del rugby se desprende del fútbol. La historia oficial cuenta que en 1823, en medio de un partido de balompié, un estudiante inglés llamado William Webb Ellis tomó con sus manos el balón y arremetió contra sus rivales.

Placa conmemorativa de la acción de William Webb Ellis

Si bien los británicos reglamentaron ambos juegos y los difundieron por el mundo, la FIFA tomó una gran ventaja cuando apostó por la profesionalización y la organización de la primera cita mundialista en 1930. La IRB -Internacional Rugby Board- se mantuvo ‘amateur’ hasta que el negocio pudo más que el romanticismo (y el clasismo). Por ello el primer torneo ecuménico no se celebró hasta 1987.

“El fútbol es un deporte de caballeros practicado por ‘hooligans’, y el rugby es un deporte de hooligans practicado por caballeros”, es una de las frases más repetidas para distinguir a los dos deportes (y el fútbol americano es un deporte de ‘hooligans’ practicado por ‘hooligans’, se añadiría después).

Sin entrar en estériles comparaciones, puesto que se trata de dos magníficos espectáculos, en el juego de la pelota ovalada aún pueden encontrarse valores que ya se han perdido en el ultra-profesionalizado balompié actual, como el reverencial respeto a la figura arbitral.

Asimismo, hay aspectos reglamentarios que el fútbol bien podría emular para solucionar situaciones controvertidas, como es la aplicación del ‘video referee’ y también el tema de tirar el balón fuera cuando un jugador cae lesionado.

Sobre este último punto, como el reglamento del fútbol no contempla la interrupción automática del juego por esta causa, es el árbitro quien tiene la potestad para hacerlo. Por el contrario, en el juego de ‘la guinda’, cuando un rugbier cae al suelo la jugada sigue su curso, y es el personal médico de cada equipo quien tiene la facultad para ingresar al campo a asistir al lastimado. Es decir, entran las asistencias pero se sigue jugando, nadie saca ex profeso la pelota del terreno. Por eso no existen ‘desmayos’ cuando se gesta un contragolpe rival, como suele ocurrir en el fútbol y su frecuentemente mal interpretado ‘fair play’. De implementarse esta medida -que no costaría dinero- habría menos ‘vivos’ en el fútbol y más vivacidad en el juego.

Try o ensayo, la gloria en el rugby


Fotos: www.rugby.com.au y wikipedia

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