9 may. 2011

La maldición de Bela Guttmann


La increíble eliminación del Benfica ante el Braga en las semifinales de la Europa League vuelve a despertar el fantasma de Bela Guttmann. El entrenador húngaro, tras proclamarse bicampeón europeo con las Águilas y ser destituido, advirtió que el Benfica nunca volvería a ganar un título continental.





La próxima final de la Europa League enfrentará a dos equipos portugueses, Oporto y Braga. Este último eliminó en semifinales al Benfica, el club lusitano más laureado, tras ganarle 1-0 y hacer pesar el valor preferente de los goles anotados de visitante (había perdido 2-1 en Lisboa). Debido al nuevo fracaso continental del conjunto encarnado, repesco un artículo publicado en el periódico El Iceberg en marzo de 2008, en ocasión de la eliminatoria entre Getafe y Benfica por la Copa de la UEFA (que se terminaron llevando los azulones).


  • La maldición de Bela Guttmann

"Sin mí, el Benfica nunca volverá a ganar una copa europea”. Con esta lapidaria frase se despidió Bela Guttmann como entrenador del club encarnado. Transcurría el verano de 1962 y el equipo lisboeta acababa de proclamarse bicampeón de la Copa de Europa con un equipazo liderado por Eusebio, António Simões, Coluna, José Augusto y José Torres. La cuestión fue que Guttmann (Hungría, 1900-1981) pidió una mejora de contrato tras el segundo título europeo (5-3 en la final al Real Madrid de Di Stéfano, al que no le alcanzó con un triplete de Puskas), porque él consideraba que “la tercera temporada al frente de un equipo es la más difícil para un entrenador”. Las diferencias con la directiva de la entidad encarnada fueron insalvables y fue ahí cuando Guttmann profirió su agorero mensaje. Meses después, su ex equipo perdía la final de la Intercontinental ante el Santos de Pelé, pero como no se trataba de una final ‘europea’, y además el equipo seguía arrasando en el Viejo continente, nadie se acordó de las palabras del húngaro.

La vida de Bela Guttmann ya era novelesca. Nacido en Budapest en el seno de una familia judía, y jugó como volante en su país –llegó a ser internacional–, en Austria y Estados Unidos, donde se refugió con su familia. Luego comenzó una carrera como técnico al que era difícil seguirle la pista: diversos clubes de Austria, Holanda, Hungría e Italia, donde hasta dirigió al Milan. En 1957 el revolucionario estratega llegó al Sao Paulo. Allí fue un pionero en la aplicación del 4-2-4, sistema que imitó la primera selección brasileña campeona mundial en 1958. Más tarde recaló en el Oporto. Un título con los Dragoes le catapultó al Benfica. Allí siguió con su estela ganadora, la de un hombre verborrágico, irascible e inimitable, que era capaz de irse a una barbería a conocer, convencer y fichar a un ignoto futbolista mozambiqueño llamado Eusebio. Su leyenda en los banquillos prosiguió por Uruguay, Chipre, Suiza y Grecia, pero ésa es otra historia.

La verdad es que tras su alejamiento del Glorioso, el Benfica disputó seis finales europeas, todas saldadas con derrotas: cinco Copas de Europa –1963, 1965, 1968, 1988 y 1990– y una UEFA –1983–. A tal punto llegó la creencia en el mal fario que antes de la final en 1990 ante el Milan en Viena, donde Guttmann fue enterrado, Eusebio fue a rezar a su tumba para terminar con la leyenda. El intento fue en vano. Hace dos años, parte de la directiva del club de las Águilas visitó al cementerio para realizar una ofrenda. Poco después el Benfica cayó eliminado por el Barcelona en Champions.

Ante tanta superstición, Eusebio quiso poner un poco de cordura y declaró que sería injusto recordar al míster por aquella frase. “Guttmann fue mi entrenador durante tres años y con él ganamos todo. Tengo un gran recuerdo de él tanto a nivel humano como futbolístico”, señaló la Pantera Negra. Sin embargo, en el Estadio da Luz, no todos están tan de acuerdo.

Guttmann, genio y figura de los banquillos (Fotos: Wikipedia)


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