3 sept. 2010

Otra vez con las 'primas a terceros'...


En su edición de hoy, el diario As publica una columna de opinión -Investigación muy tardía y casi inútil- donde se aboga por legalizar las primas por ganar. Peligrosa forma de fomentar los valores deportivos.



En la mencionada nota, y en el contexto sobre las supuestas irregularidades cometidas por el Hércules para ascender a Primera División, se advierte que “la rebaja de las condiciones salariales de los futbolistas […] provoca que un jugador pueda ganar más por venderse en un partido que en toda la temporada”, lo cual dispara el debate sobre la fortuna que podría ganar cualquier empleado deshonesto si estafara a su propio empleador, simplemente por el mero hecho de cobrar un sueldo bajo. De este razonamiento se concluye que la cuantía del salario del trabajador influirá directamente en su grado de moralidad. No estoy de acuerdo.

Además, el artículo es rematado con un “urge hacer legales las primas a terceros por ganar”. Otra vez la recurrente cuestión de la incentivación en el fútbol. Refuto tal idea con los mismos argumentos expuestos en otra columna escrita en el periódico El Iceberg -Maletines y sobornos- en mayo de 2007. Si un equipo A siempre sale a ganar, con independencia de lo que pague un tercero, no tendría sentido la incentivación, puesto que no afectaría para nada el rendimiento de A. Ahora bien, si un equipo A puede mejorar sus prestaciones por una aportación económica de un tercero, entonces estamos caso patente de falta de profesionalidad y honestidad.

Por otro lado, hoy en día, al estar prohibidas las primas a terceros por el artículo 112 del Estatuto de la Real Federación (donde se las considera una ‘infracción grave’), si se produjeran, serían un caso de evasión tributaria. Además, si se legalizaran se estaría generando un nuevo problema: ¡cuánta inquina se generaría en los equipos cuyos rivales reciban ayuda económica y legal!





Maletines y sobornos

Por Ezequiel Costa

Un tema recurrente cada vez que entramos en el último tramo de la temporada es el de las primas a terceros, los famosos ‘maletines’. Si bien estos existen desde que el fútbol se hizo profesional, es llamativo que en los últimos años no estén tan mal vistos por el entorno balompédico. Lo que antes se hacía subrepticiamente, hoy parece ser una cuestión trivial, casi jocosa. Conviene recordar que las primas a terceros están prohibidas por el artículo 112 del Estatuto de la Real Federación, donde se las considera una ‘infracción grave’. Si bien hay faltas aun más graves, no por ello puede permitirse la incentivación, que es prima hermana del soborno.

Los defensores de esta práctica ilegal utilizan variados argumentos para justificarla, todos basados en que no tiene nada de malo si es para ganar. Supongamos que se enfrentan A y B, cuyo resultado repercute directamente en un tercer equipo. Este último, llamémosle C, entra en el juego y promete dinero al conjunto A para que ‘vaya a más’ ante B. Como A siempre ‘sale a ganar’ con independencia de la ayuda financiera externa, es ridículo que C le ofrezca dinero. No obstante, si el metálico realmente afectara el rendimiento de A, estaríamos ante un caso patente de falta de profesionalidad y honestidad. Además, C podría plantearse si no sería más económico primar a un solo jugador de B (que vaya ‘para atrás’) en lugar de a toda la plantilla de A. Y que nadie se rasgue las vestiduras por esto, porque los que aceptan ser parte de este ‘sistema de maletines’ demuestran tener precios, no valores. Desde ya que estas sumas en ‘negro’ no tributan impuestos (sí, es evasión).

Lamentablemente, toda la cuestión radica en la falta de pruebas y, lo que es peor, en la falta de voluntad de las partes para erradicar este tipo de prácticas que no son otra cosa que dopaje económico. El fútbol es un deporte de oposición entre dos equipos. Si un tercero paga, juega desde fuera y ya no es uno contra uno, adulterándose la competición. No se trata de ser moralista, sino de intentar preservar los valores de un deporte que cada vez pierde más su esencia.

Enlace: Maletines y sobornos (El Iceberg, mayo de 2007)

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